Escritura Corporativa

La escritura de empresa es cosa seria

La escritura es cosa seriaImpresionante. La escritura corporativa es cosa seria. Hoy he dado un vistazo a unas cuantas webs de negocios y en casi todas se dice lo mismo, aunque provengan de sectores diferentes.  Pareciera que una misma persona hubiese hecho los textos para todas. No faltan los altos niveles de excelencia, las prestigiosas organizaciones, y un  éxito profesional que no veas. 

Se han formado, sin excepción, en las mejores escuelas de negocio, prometen  resultados únicos  y con gran valor añadido. Cuentan con una dilatada experiencia, y ofrecen un servicio altamente personalizado.  Esto no es nada, todavía falta el tópico de la visión, misión y valores. Alguna vez hice la prueba en empresas para ver hasta qué punto habían encarnado estas verdades al uso como declaración de intenciones, principios, propósitos y conductas a seguir en los despachos de los directivos, lugares estratégicos de las fábricas, en el departamento de recursos humanos. Aunque estos profesionales tienen una reconocida trayectoria no se los saben del todo, todavía.  

No puedo seguir poniendo negritas porque volveré loco a Google, pero podría pasar la semana aportando ejemplos de estas cárceles donde se aprisionan las palabras, cuando lo que se pretende, en realidad, es echarlas a volar sobre los deseos de cada usuario para hacerlos pasar a la acción.

Es que en estos tiempos de crisis, tiempos de cambio, y demás naderías acerca del tiempo que es cambiante y crítico por definición no hay quien se salve de caer en estos pozos de inmovilidad retórica. Y además, de dejarlo dicho por escrito.  Como es el caso de las industrias,  vaya sorpresa, dicen tener tecnología de avanzada, y ser un valor de referencia en el mercado.  Si señores, porque la trayectoria  así lo avala sin olvidarnos de la decidida apuesta por la innovación y el compromiso social como creador de empleo de calidad. Especialmente en este momento de sálvese quien pueda, y con las tasas de desempleo y sueldos a la baja a quién se le ocurre hablar de crear empleos de calidad.

Dios nos salve del  lugar común, esa suerte de plaga léxica donde se utilizan indiscriminadamente argumentos, juicios de valor y sentencias que en su momento fueron precisos para nombrar situaciones concretas, pero de tanto repetirse perdieron su poder sugerente. Ya no ayudan a entender aquello que se pretende nombrar sino más bien son una clara manifestación de pereza mental. La tópica era una forma de expresión de oradores y poetas en la antigua Grecia y que se repitió a lo largo de la historia de la literatura. Según RAE “lugar común que la retórica antigua convirtió en fórmulas o clichés fijos y admitidos en esquemas formales o conceptuales de que se sirvieron los escritores con frecuencia”. Así, la tópica es un poso de lugares comunes poblados con ideas que un día fueron verdaderos hallazgos a los que la repetición les quitó su antiguo brillo.

Entonces, no hay un único redactor, está claro.  Hay un discurso único, que recorre la misma autopista sólo de ida y por donde  la información que circula no ayuda a decidir, porque las  imágenes discursivas son estereotipadas y vacías.  Tan vacías que nos alejan  de  la empresa, del  servicio, el  producto, la marca y, ni siquiera nos estimulan los impulsos de imaginar y pensar, primer paso para pasar a la acción.

Y en nuestro caso, mejor que comencemos a entender de qué estamos hablando como redactores, para que podamos ser más fluidos y significantes. Porque para eso el cliente nos paga.